Un pedazo de China en el corazón de la capital
Un arco de ocho metros de altura y trece metros de ancho nos da la bienvenida a la Chinatown del Perú, el Barrio Chino.
En la cima de esa portada, se aprecian unos ideogramas que mencionan su nombre: “calle china”.
Por el lado contrario, sonríe un pensamiento que matiza los sentidos: “Bajo el cielo todos los hombres somos iguales”.
Filosofía y sabiduría que irradia en pleno corazón de la ciudad. El arco o portada china es el punto de partida que conduce a un lugar de peculiar encanto dentro de la urbe limeña, esa que abarca la calle Capón (cuadras7 y 8), el jirón Andahuaylas (cuadras 7 y 8), Paruro (cuadras 7, 8 y 9) y Huanta (cuadra 9).
Hasta mediados de 1997, el brillo y el color se habían esfumado del Barrio Chino y los orientales más experimentados venidos a Lima, recordaban con nostalgia cuando en 1971, la portada, donada por el gobierno de Taiwán, lucía vigorosa testigo de aquél desfile de dragones y leones con que había sido inaugurada.
Recordaban también aquellos primeros gestores, que existiera un barrio como aquél por los años cincuenta (fecha en que se creó el Barrio Chino), que en todos las calles habían farolas de tipo oriental y que en las veredas se habían grabado ideogramas que deseaban larga vida y felicidad a los visitantes, así como la existencia de tan reconocidos chifas, los mejores de la ciudad, como el Ton Qui Sen, el San Joy Lao, el Men Yu Luong Tong y el Tong Po, restaurantes que aún perduran en la actualidad.
Para los primeros chinos inmigrantes, todo parecía perdido, sin embargo, el 20 de julio de 1997, las luces de neón de la portada volvieron a encenderse pero esta vez con mayor potencia, despolvando aquellas columnas que antes lucían sombrías.
El Barrio Chino, renacía luego de años de olvido.
Tras la reinauguración, miles de limeños y descendientes chinos vieron desfilar alegremente otra vez a los dragones y leones contagiando su energía y buenas vibras a los atónitos limeños y, a unos emocionados chinos que por fin se reencontraban con sus orígenes.
Actualmente el Barrio Chino luce mejor que nunca, los comercios son prósperos y nuevamente los transeúntes pueden caminar por sus calles, sin temor a ser atropellados por el ejército de vendedores ambulantes que se habían apoderado, en años anteriores, de sus veredas.
Una invitación a un salón de té en el Barrio Chino, es tan agradable como disfrutarlo acompañado de bocaditos chinos que se expenden a lo largo de la calle Capón.
Ahora la frase “larga vida y felicidad” que inscrita está en los carteles de las entradas de los negocios y chifas, parecen recobrar su sentido original.
¡Viva el año nuevo chino 2011, Viva el año del conejo!

